La obra Las analfabetas desnuda los mecanismos emocionales y políticos que se ponen en juego en todo acto de enseñanza y aprendizaje y exhibe un parentesco lejano con la novela El lector, de Bernhard Schlink.
En paralelo a la escritura de poesía (El final de la fiesta, El niño Dios, Mi hijo Down), su autor –Pablo Paredes- ha venido elaborando en los últimos años una dramaturgia que prueba suerte con distintos recursos formales (Curarse, Jorge González murió). No obstante, en la pieza escrita para Paulina García y Valentina Muhr y dirigida por Nicolás Zárate (actor de La mala clase), alcanza un acabado equilibrio entre discurso y trama.
La obra repasa las jornadas de frustrada alfabetización que lleva a cabo una recién egresada de pedagogía (V. Muhr) cuando es contratada por una mujer (P. García) para leerle el diario, aunque en verdad es el contenido de la carta que aun conserva de su padre lo que inquieta a esta última.
Las lecciones se transforman en una progresiva reparación de carencias en que ambas van desprendiéndose de sus defensas para dejar dolorosamente en evidencia que el analfabetismo es compartido entre alumna y profesora, ya que ninguno de los dos roles está a salvo de la sospecha del fracaso y del sinsentido.
El texto aprovecha ese espacio de duda para explorar en las aristas que de fondo movilizan a los dos personajes y convertir la situación en un paradigma de la incertidumbre que acecha a quienes hoy se abocan a la educación. Tomando distancia de la retórica en boga, logra palpar el drama íntimo de un profesorado novato, inseguro y temeroso que se ampara en un quehacer repetitivo frente a las preguntas que formula con genuina inquietud una mujer desprovista de palabra que tardíamente habrá de comprender su situación de abandono.
En lo que constituye uno de sus primeros trabajos de dirección, N. Zárate introduce elementos que enriquecen el simbolismo de la puesta y potencian el carácter poético del material que lleva a escena.
Paulina García exhibe su reconocida dote actoral y mantiene a su personaje en un punto equidistante entre el orgullo y la desolación, dominando la escena con una caracterización que se asienta en el desparpajo, la autosuficiencia y una ironía rabiosa. Valentina Muhr se desplaza por la línea opuesta y enfatiza la fragilidad y la candidez de su rol hasta protagonizar el quiebre decisivo en el vínculo de ambas.
El formato de pieza de cámara se muestra efectivo para ilustrar un aspecto de la educación que la oratoria exitista pasa por alto: el aprendizaje es un proceso humano de mutuo reflejo y revelación.
Las analfabetas. Sala Mori Bellavista. Constitución 183. Sábado a las 22.30 y domingo a las 19.30 horas. Reservas: 7776246. $6.000 y $3.000.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada