Síntesis de una prolongada residencia en territorio mapuche, “Reche, los caciques retornan” se añade al interés que las artes escénicas vienen mostrando por rearticular la presencia de las culturas originarias en el ámbito público en clave de teatro o danza.
Su estreno en 2009 coincidió con “Ñi Pu Tremen (mis antepasados)”, una pieza de carácter testimonial del grupo Kimen que grafica la memoria viva de la gente de la Tierra que ha migrado a la ciudad. Aunque con igual propósito, la creación del colectivo Catedral sigue el camino opuesto y muestra la resultante del encuentro entre la agrupación dirigida por Ítalo Tai y la comunidad de Rulo, en Nueva Imperial.
La compañía se estableció en la zona en abril del año pasado para llevar a cabo una indagación in situ que habría de entrelazarse con la poesía de Elicura Chihuailaf, Leonel Lienlaf y David Aniñir, cuyos versos en mapudungun guían los diez episodios que desarrolla la pieza.
El director y los integrantes del colectivo se instruyeron en el canto, las melodías y las entonaciones en que se han legado las tradiciones de una generación a otra. La musicalidad del habla encontró además un paralelo en la danza, de acuerdo a las pautas que la maestra Irma Coña entregó al grupo.
Esa experiencia se complementó con el paisaje del cotidiano, los encuentros con el lonko Luis Huaiquiñir, la convivencia con profesores y alumnos de la escuela 308 Tranamil y, en particular, con la posibilidad de palpar la fuerza telúrica del entorno de la que hablan los relatos míticos.
El proceso se extendió por seis meses hasta circular por Nueva Imperial y Curacautín, estrenar en septiembre de 2009 en la sala Finis Terrae de Santiago y obtener en diciembre el Premio del Círculo de Críticos en la categoría Danza Nacional, que avala su actual reposición en Matucana 100.
En el espectáculo, el imaginario mapuche dialoga desde distintas aristas con la concepción coreográfica. Al centro del espacio escénico se emplaza el rewe (altar) que crea la atmósfera del rito y en torno al cual habrán de ordenarse los siete bailarines –Karola Lucavechi, Mónica Iglesias, Úrsula Campos, Carla Huenchún, Alejandro Núñez, Rafael Silva e Ítalo Tai- en solos, dúos o tríos conforme transitan de un episodio a otro.
En ellos prima una enérgica e incesante cadencia. El recorrido se abre en el origen de la vida de acuerdo a la cosmogonía local y deriva en el retorno de los caciques, como anuncia el título. La invocación de las estrellas y de los elementos de la naturaleza da paso al diluvio arcaico y a la tragedia que significó la llegada del conquistador español para la comunidad, diezmada en una guerra que el montaje encara desde la otra trinchera y que aparentemente adormece el arrojo histórico.
No obstante -y como a poco andar lo establece la selección de textos y escenas-, la kalfupurrún (danza azul, que alude al impulso vital y a lo evanescente) conserva su aliento intacto para movilizar el ímpetu y traer de vuelta la ancestral figura del guerrero.
La puesta debe su clima electrizante no sólo al desempeño de los intérpretes; también a la música que emplea instrumentos autóctonos (Patricio Pacheco), el diseño sonoro que introduce elementos del entorno (Luis Barrie) y el tratamiento audiovisual (Daniel Cruz) de las imágenes que se proyectan sobre la escena –correspondientes al paisaje del sur- y que dotan al vestuario y a los accesorios de un marco épico, en sintonía con la lírica de Chihuailaf, Lienlaf y Aniñir que se escucha en mapudungun.
La alta calidad artística de la producción y el compromiso discursivo extienden el enfoque más allá del tributo y de la exploración antropológica, y se convierten en una de las conjunciones más logradas de memoria y creación contemporánea (como indica el título en español: “de gente verdadera”).
En la trayectoria de Ítalo Tai, “Reche” cierra la trilogía que integran “Huacho” (2005) y “En la ciudad de los Césares” (2006). La búsqueda identitaria de esas piezas y la problematización en torno a la orfandad masculina, la dominación y el mestizaje encuentra acá un epílogo sugestivo que descubre en el mismo territorio del matriarcado un heroísmo reparador.
En la ejecución y la composición coreográfica, su labor como director se fortalece en tanto logra apropiarse de los códigos de la cultura mapuche y traducirlos a un formato de danza sin traicionarlos, conservando el rigor técnico y la destreza que les son característicos. Desde la perspectiva de la gesta, advierte de manera elocuente y en carne propia que los caciques han retornado para quedarse.
